¿Por qué leer también es viajar? El poder de la literatura

Leer también es viajar: libros y viajes

Leer también es viajar. Un libro puede llevarnos mucho más lejos de lo que imaginamos: podemos conocer otras culturas, descubrir nuevas personas, recorrer lugares que nunca hemos visitado y viajar a través de diferentes épocas sin salir de casa.

Hay viajes que comienzan mucho antes de llegar a un aeropuerto.

A veces empiezan al abrir un libro.

Una novela puede llevarnos a una ciudad que nunca hemos visitado, presentarnos personas que jamás conoceremos, mostrarnos una cultura completamente diferente a la nuestra o transportarnos cientos de años hacia el pasado. Podemos recorrer una calle de París, navegar por el Amazonas, caminar por las calles de Buenos Aires o conocer una pequeña población que solamente existe en las páginas de una historia.

Por eso, leer también es viajar.

Y quizá esa sea una de las formas más especiales de viajar: hacerlo a través de la mirada de otra persona.

Viajar sin moverse

Viajar a través de los libros sin salir de casa

Cuando pensamos en viajar, normalmente imaginamos desplazarnos de un lugar a otro. Un avión, una carretera, una estación, una maleta.

Pero viajar también significa descubrir.

Y en ese sentido, los libros tienen una capacidad extraordinaria: pueden transformar nuestra percepción del mundo sin que tengamos que movernos de donde estamos.

Un libro puede describir los sonidos de una ciudad, el olor de una comida, la arquitectura de un barrio o la manera en que sus habitantes se relacionan. Poco a poco, ese lugar deja de ser una simple referencia geográfica y empieza a convertirse en un escenario que podemos imaginar.

La literatura crea mapas que no siempre aparecen en los atlas.

Mapas hechos de palabras.


La literatura como una forma de conocer otras culturas

Uno de los grandes poderes de la literatura es que nos permite acercarnos a culturas diferentes a la nuestra.

Leer una historia ambientada en otro país puede mostrarnos tradiciones, formas de pensar, relaciones familiares, celebraciones, conflictos y maneras de entender la vida que probablemente nunca experimentaríamos de la misma manera.

Y existe una diferencia importante entre conocer información sobre una cultura y acercarnos a ella a través de una historia.

Una enciclopedia puede decirnos cómo es un lugar. Una novela puede permitirnos imaginar cómo se siente vivir allí.

A través de los personajes podemos descubrir otras formas de ver el mundo. Podemos comprender por qué una persona toma determinadas decisiones, qué valores la rodean o qué significa pertenecer a una determinada comunidad.

La literatura, en ese sentido, puede convertirse en un puente entre personas que viven realidades completamente diferentes.


Viajar también es conocer personas

Todo viaje está hecho de encuentros.

Y los libros también.

Cada historia nos presenta personajes con sus propias experiencias, deseos, miedos y contradicciones. Algunos se parecen a nosotros. Otros son completamente diferentes.

Pero incluso cuando no compartimos su realidad, podemos llegar a comprenderla.

Esa es una de las experiencias más interesantes de leer: ponernos durante unas horas en los zapatos de otra persona.

Podemos vivir una historia desde la perspectiva de alguien que nació en otro país, en otra época o incluso en circunstancias completamente distintas a las nuestras.

Por eso la literatura no solamente nos permite conocer lugares.

También nos permite conocer personas.

Y, en ocasiones, conocernos un poco mejor a nosotros mismos.


Un libro también puede ser una máquina del tiempo

Viajar no siempre significa cambiar de lugar.

También puede significar cambiar de época.

La literatura nos permite visitar momentos históricos que ya desaparecieron: conocer cómo era una ciudad décadas atrás, imaginar cómo vivían otras generaciones o acercarnos a acontecimientos que transformaron sociedades enteras.

Un libro puede llevarnos a la Europa medieval, a una ciudad latinoamericana de principios del siglo XX o a un futuro que todavía no existe.

Y lo interesante es que no necesitamos una máquina del tiempo.

Solo necesitamos unas páginas.

La literatura convierte el tiempo en otro territorio que podemos explorar.


Los lugares también cuentan historias

Hay ciudades que parecen hechas para aparecer en los libros.

París, Londres, Buenos Aires, Madrid, Nueva York, Ciudad de México o Bogotá han sido escenario de innumerables historias. Pero cuando un escritor las convierte en parte de una novela, dejan de ser solamente ciudades.

Se convierten en personajes.

Una calle puede adquirir significado. Un café puede convertirse en el lugar donde ocurrió algo importante. Una plaza puede quedar asociada para siempre con un personaje.

Y después de leer una historia, quizá volvamos a mirar ese lugar de otra manera.

Eso es lo fascinante de viajar a través de la literatura: algunas veces conocemos primero el lugar en las páginas y solamente después en la vida real.

Y cuando finalmente llegamos allí, ya no lo vemos como un desconocido.


Leer puede despertar las ganas de viajar

También ocurre al contrario.

A veces es un viaje el que nos lleva hacia un libro.

Visitamos un país y queremos conocer más sobre su historia. Probamos una comida y queremos descubrir de dónde viene. Caminamos por una ciudad y queremos leer las historias que ocurrieron allí.

Pero otras veces ocurre primero la lectura.

Conocemos un lugar en una novela y aparece la curiosidad:

¿Cómo será realmente?

Quizá ese sea uno de los mayores poderes de los libros: despertar nuestra curiosidad por el mundo.

Un buen libro no necesariamente nos dice que debemos viajar.

Simplemente consigue que queramos hacerlo.


¿Por qué leer también es viajar?

Porque cada libro puede convertirse en un destino.

Nos permite:

  • Conocer otras culturas y acercarnos a formas diferentes de entender el mundo.
  • Encontrarnos con otras personas a través de personajes y experiencias que no son las nuestras.
  • Viajar a otras épocas y descubrir cómo pensaban y vivían otras generaciones.
  • Explorar lugares que existen o que solamente pueden existir en la imaginación.
  • Descubrir nuevas perspectivas y cuestionar nuestra propia manera de ver las cosas.
  • Despertar la curiosidad por destinos, historias y culturas que quizá algún día queramos conocer personalmente.

Por eso leer no es simplemente quedarse quieto.

Es cambiar de lugar sin moverse.

Es conocer sin haber estado.

Es descubrir sin necesidad de llegar.


Cada libro puede ser un destino

Quizá por eso nos gusta pensar que leer también es viajar.

Porque un libro puede ser una puerta.

Al otro lado puede haber una ciudad, una persona, una cultura, una época o un mundo completamente desconocido.

Y cada lector decide cuánto tiempo quiere quedarse.

En Books & Travel creemos que los libros pueden ser mucho más que historias que guardamos en una estantería. Pueden convertirse en experiencias, recuerdos y formas de descubrir el mundo.

Porque cada libro puede ser un destino.
Porque leer también es viajar.



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